jueves, 11 de julio de 2013

Ollivander


Cuando entraron en la tienda y escucharon a aquel anciano, Marta y Harry se quedaron mudos, mirándose entre sí.
-Veníamos a comprar varitas para ellos- dijo decidida Alice.
-¿Quiénes son “ellos” señorita Potter?- dijo el anciano mirando a Alice.
Alice señaló a Ron, Harry y Marta, el anciano los observó detenidamente, aunque también observó a Ron, su mirada se detuvo en Marta, este la miraba sorprendido, maravillado, ella no estaba haciendo nada, pero solo con mirarla ya era fascinante.
Luego, desvío la mirada hacia Ron.
-¡Oh! Muchos Weasley ya han pasado por aquí, ahora viene otro, ¡bien, bien!- exclamaba el anciano- ¿Cómo he de llamarte jovencito?
-Ron.
-¡Ron! Bonito nombre- dijo este- ven por aquí, te buscaremos una varita apropiada.
Ron siguió al señor Ollivander hasta el mostrador, y esperó a que le mostrara las varitas que podían ser las suyas.
El señor Ollivander le empezó a mostrar varias varitas al pequeño Ron, que, por ahora, ninguna resultaba ser la suya, ya que, al usarlas, destruía cosas, finalmente, el señor Ollivander cogió una y la puso frente a Ron.
-Prueba esta pequeño, madera de Sauce, 35,56 cm de larga, y centro de pelo de cola de unicornio.
Cuando Ron cogió la varita, un cosquilleo le recorrió todo el cuerpo, sonriendo, miró al señor Ollivander.
-Creo que es está- dijo mirándola, orgulloso.
El señor Ollivander sonrió y luego, miró a Arthur.
-9 galeones por favor- dijo este.
Arthur asintió y, finalmente, le dio todo lo que le quedaba.
-Ahora tú, señorita Potter- dijo mirando a Marta.
-¿Cuál es tu nombre?
-Marta- dijo esta mirando exhausta al señor Ollivander, pues dijo que la estaba esperando a ella y a su hermano y no sabía si quiera su nombre.
-¡Oh! Claro Marta, pelo de tu madre, y ojos de tu padre- dijo contemplándola con detenimiento.
-No siempre- dijo esta sonriendo.
El señor Ollivander la miró, sonriendo, la llevó hacia el mostrador, y empezó a sacar varitas para ella, Marta ya se sentía muy culpable, ya que le había sacado diez varitas, y ya había roto: tres jarrones, cinco ventanas y dos marcos de fotos.
Pero, finalmente, el señor Ollivander contempló a Marta y empezó a susurrar para él frases no entendibles, aunque, Marta le entendió una.
-Puede ser…
Marta lo miró, perpleja por como la había mirado, el señor Ollivander se marchó, y, cuando regresó trajo una varita con él, esta, estaba llena de polvo y suciedad.
-Prueba esta- le dijo entregándosela- 36,25 cm de larga, con madera de sicomoro, centro hecho de pluma de fénix, y respecto a la flexibilidad, es ligeramente elástica.
Marta cogió la varita mientras miraba al señor Ollivander, y cuando la tuvo en sus manos, sintió una sensación muy fuerte, era como si flotara en el aire, por primera vez tendría su varita, la agarraba con fuerza mientras la miraba, maravillada, esa sensación fue mejor que la de cuando entraron en el Callejón Diagón, mejor incluso que cuando les llegó la carta de Hogwarts, esa sensación fue increíble.
Finalmente, Alice le pagó los 11 galeones al señor Ollivander y le dijo a Harry que fuera al mostrador, ya que el señor Ollivander no le había dirigido la mirada a Harry, simplemente se había ido a buscar su varita.
Harry avanzó hacia el mostrador, contemplando la tienda con detenimiento, mirándola maravillado.
-Aquí tienes- dijo- 31,58 cm de larga, madera de roble, centro de pluma de fénix, y rígida como un tronco- dijo el señor Ollivander entregándole la varita a Harry- ¡Vamos agítala!
Este hizo lo que le dijo, y rompió los cristales de la puerta de la tienda.
-¡No! Esa definitivamente, ¡no!
El señor Ollivander le mostró tres varitas más a Harry, pero ninguna dio resultado, entonces, miró a Harry como había mirado a su hermana antes y empezó a repetir la misma frase que antes. Finalmente, fue a por una varita y se la mostró a Harry.
-Ten, tiene 28 cm de largo, está hecha de acebo, y con pluma de fénix en su centro, es flexible- dijo el señor Ollivander.
Cuando Harry la cogió, sintió lo mismo que su hermana al coger su varita, entonces, el señor Ollivander, fascinado, miró a Harry.
-Interesante- dijo este.
-¿Qué es interesante?- dijo Harry mirándolo.
-Que ¡tu! estuvieses destinado a ¡esta! varita, cuando fue su hermana la que te hizo esa cicatriz- le dijo el señor Ollivander.
Los Weasley y sus hermanas se quedaron mirando a Harry, este, aterrorizado, pagó la varita, y, sin decir nada, se marchó para volver a casa de los Weasley.     

miércoles, 10 de julio de 2013

El Callejón Diagón.


Los pequeños que veían por primera vez el Callejón Diagón se quedaron asombrados, no se esperaban algo así, algo tan maravilloso como era eso.
-Guau- dijo Marta maravillada.
-¿Os gusta? ¡Bien! Ahora vamos a Gringotts, tenemos que sacar el dinero para comprar los libros- dijo Molly sonriente.
Cuando entraron, los pequeños miraron el banco con detenimiento, había duendes por todas partes, parecía que ni siquiera se percataban de la existencia de los allí presentes, solo un duende que estaba sentado en una de las mesas de los demás, pero, esta mesa era más alta y estaba en el centro de la sala.
Después de que Arthur hablara con el duende, este miró a los hermanos Potter, a Alice ya la conocía, pero a Harry y a Marta no, aterrorizados por la mirada de aquel duende gruñón, se pegaron a su hermana.
Fueron a la cámara de los Weasley, Alice se ladeó, no podía ver lo que había ahí dentro guardado. Marta y Harry miraron apenados a los Weasley, ya que, en esa gran cámara de una familia bastante numerosa, solo había un galeón.
Molly lo cogió, e inclinando la cabeza, se dio la vuelta para salir de la cámara y llevar a los hermanos Potter a la suya.
Cuando llegaron, Alice cogió a sus dos hermanos.
-Quedaos aquí- les susurró.
-¿Por qué?- dijo Marta.
-Mientras que los Weasley solo tienen un mísero galeón en su cámara, nosotros somos ricos, no puedo dejar que vean eso, ¿vale? Cogeré lo que pueda y a comprar.
Los dos pequeños asintieron, su hermana sacó la llave, y, con decisión, abrió su cámara, y antes de que los Weasley se percataran de que la había abierto, cogió un puñado de galeones y se los guardó. A la familia no les dio tiempo ni mirar siquiera los interiores de la cámara de los Potter.
Cuando salieron de allí fueron a comprar todas las cosas que necesitarían para Hogwarts, por cada libro que compraban, iban mirándolos por dentro con detenimiento, los libros de los Potter eran nuevos, incluso al abrirlo le llegaban esa fragancia de jovialidad. Pero los libros de los Weasley no eran así, Alice no soportaba ver como sus mejores amigos compraban libros ya usados, húmedos, que olían fatal, y que algunas cosas no se podían leer.
Lo malo era comprarle un caldero al pequeño Ron. No podían, tendría que coger el caldero oxidado de Charlie y dárselo al pobre Ron, Marta, horrorizada por como eran sus objetos, cogió un puñado de sus galeones y, con discreción, los metió en el bolso de Molly. Esta, al abrir el bolso se quedó maravillada al ver tantos galeones, pero aún así, no se lo gastaron todo, algunos galeones los quedaron en Gringotts para que la pequeña Ginny pudiera comprarse libros mejores al año que viene.
Cuando ya terminaron de comprar todo lo que querían, se quedaron dando vueltas por el Callejón Diagón, los pequeños Ron, Marta y Harry querían ir ya a comprar su varita a Ollivander, lo estaban más que deseando, pero, para cincharles, sus hermanos fueron yendo de tienda en tienda para contemplarlas, en la que se tiraron más tiempo fue en la tienda de artículos para jugar al Quidditch. Los Weasley y Alice se quedaron asombrados al ver la nueva Nimbus 2000.
-Guau, quien pudiera jugar al Quidditch con ella- dijo Fred pegando su cara al cristal de la tienda.
-¿Quidditch?- preguntó Marta.
-Alice, dime, ¿les enseñas algo más a tus hermanos que a alabar a la casa Slytherin?- dijo George mirando a Alice.
-El Quidditch es un deporte muy divertido, se juega con tres pelotas: la Quaffle y las Bludgers. La Quaffle es con la que se juega durante todo el partido y hay que meterla por uno de los tres aros que hay en el equipo contrario. Las Bludgers son unas pelotas que, si te las lanzan el otro equipo, tienes que esquivarlas, porque, si te dan, puedes caerte de tu escoba o perder la Quaffle, para quitarte las Bludgers de encima están los golpeadores, los golpeadores del equipo de Quidditch de Gryffindor son Fred y George, para proteger los aros están los guardianes, que impiden que la Quaffle entre, en el equipo de Quidditch de Slytherin es tu hermana la que se encarga de eso. Luego, hay otra que no se le puede llamar pelota, es muy diminuta, dorada y con alas, se llama Snitch, vuela muy deprisa, así que los buscadores tienen que ser muy buenos para atraparlas, el buscador que atrape la Snitch, gana el partido, ya que esta vale 150 puntos.
Marta se quedó helada al escuchar esa explicación tan detallada del deporte del Quidditch, la explicación acabó con su hermana diciendo que el Quidditch para los magos era como el fútbol para los muggles.
Después de dar muchas vueltas, ya no tuvieron excusas para retener a sus hermanos pequeños y que no fueran a Ollivander, así que, los Weasley y los hermanos Potter se dirigieron hacia esa tienda donde habían estado los mayores años atrás.
Cuando entraron, un hombre anciano, calvo por la coronilla, aunque por detrás tenía pelo tan blanco como la nieve, y ojos azules, se quedó mirando a Harry y a Marta.
-Les estaba esperando señor y señora Potter- dijo mirando a los pequeños, sonriendo- les estaba esperando desde hace mucho tiempo. 

lunes, 8 de julio de 2013

Viaje al Callejón Diagón


Al día siguiente, Marta decidió no contar a nadie lo de aquel sueño, ni siquiera a sus hermanos, pensó que no convenía preocuparlos en un día tan feliz como este, pues hoy, por fin irían al Callejón Diagón a comprar todas las cosas que van a necesitar para Hogwarts.
A Ron, Marta y Harry les hacía mucha ilusión ir, estaban eufóricos por la mañana, pero claro, la tienda del Callejón Diagón a donde más deseaban ir, era Ollivander, ya que querían conocer su varita de una vez por todas. Verás, en el mundo de los magos, el mago no escoge su varita, es al revés, la varita escoge al mago.
-Vaya mamá… los libros de este año son más caros que los de el año pasado- dijo Percy mirando la carta de Hogwarts.
-Bueno, ya nos apañaremos como podamos- dijo Molly leyendo la carta y a la vez, sonriendo a sus hijos- ya veremos que sacamos de Gringotts.
-¿Gringotts?- preguntó Marta.
-¿No sabes lo que es Gringotts, Marta?- dijeron Fred y George al unísono.
-Que va- dijo Marta ladeando la cabeza.
-Gringotts es el banco de los magos, lo llevan duendes, muy listos y astutos sí, pero desconfiados como nadie. Allí hay cámaras donde guardas tu dinero, los duendes te llevan hacia allí, claro que, para abrir la cámara, tienes que tener la llave, sino, te echan de allí a patadas. Aunque, también hay otras que se abren al contacto.
-Oh- dijo Marta mirando al frente- No tenía ni idea.
-Se me habría olvidado mencionártelo, perdona Marta- dijo Alice mientras le daba un mordisco a una galleta.
-¿Tenéis las cosas preparadas para ir a Hogwarts?- dijo Arthur, sentándose en la mesa.
-Sí- dijeron los Weasley al unísono.
Pero los hermanos Potter se miraron entre ellos, Marta no, pues ella ya lo tenía todo preparado desde hace dos días, en cambio, sus hermanos eran unos cabezas huecas y se olvidaban de todo.
-Hoy nos dará tiempo- dijo Harry- tenemos que ir mañana.
-Espero que os de tiempo- dijo Arthur mientras bebía un sorbo de su café.
Alice y Harry se miraron, preocupados por si no les daba tiempo a recogerlo todo, porque imaginaban que, después de comprar todo lo que necesitaban, se quedarían dando vueltas por allí un rato, así que, se comieron todo el desayuno rápido, y subieron a su habitación para preparar las cosas.
Mientras ellos dos preparaban sus cosas, la pequeña Marta se quedó abajo desayunando junto con sus dos mejores amigos, empezaron a cuchichear cosas mientras comían, seguramente estaban preparando una nueva travesura, George, miraba de vez en cuando a Ron, esbozando una amplia sonrisa de picardía. El pobre Ron estaba atacado de los nervios, porque, al ver como lo miraban, y a la vez cuchicheaban, pensó que querían hacerle algo malvado. Aunque el no lo sabía, ¡esa! era su travesura, en realidad, no estaban cuchicheando nada, solo torturaban al pequeño Ron con miradas y sonrisitas de maldad.
Pasó aproximadamente una hora cuando, todos los Weasley y los hermanos Potter estaban frente a una especie de chimenea muy alta. Marta y Harry la miraron con detenimiento.
-¿Por aquí se va al Callejón Diagón?- dijo Harry mirando a Ron.
-Si, lo que pasa es que tu no habrás viajado nunca con polvos flú, ¿verdad?- dijo Ron enarcando una ceja.
-¿Polvos flú?
-Creo que eso responde a tu pregunta Ron- dijo Fred sonriendo.
-¿Nunca lo has hecho Harry? Bueno pues, de demostración… ¡Alice!, tu ya lo has hecho más veces, adelante, hazlo para tus hermanos- dijo Molly mirando a Alice.
Alice asintió, cogió un puñado de polvos que le ofrecía Molly y se colocó debajo de la chimenea, tiró los polvos a sus pies mientras decía: ¡Callejón Diagón! Y de repente, Alice desapareció entre humo verde.
-¿Veis?- dijo Molly- venga Marta, ahora tú.
La joven, aterrorizada, cogió temblorosamente un puñado de aquellos polvos, se puso lentamente bajo la chimenea y, antes de que tirara los polvos, Arthur la interrumpió.
-Tienes que decir muy claramente Callejón Diagón, porque si no, podrías ir a dios sabe donde, tu hermana se perdió el primer año, pues dijo: ¡Callejón Digón! Suerte que Hagrid la encontró.
-¿Hagrid? ¿Qué…?- dijo Marta ladeando la cabeza.
-Nada, tú sigue.
La pequeña, aterrorizada, tiro los polvos al suelo y gritó: ¡Callejón Diagón! De repente, desapareció entre más humo verde.
-Venga, ahora tú- le dijo Percy a Harry, dándole un empujoncito para que se adentrara en la chimenea.
Después de hacerlo, tardó más en tirar los polvos que su hermana, pues estaba aterrorizado, pero finalmente lo dijo y este también desapareció.
Los hermanos Potter esperaron a la familia Weasley, además, Harry no quería ver aquello sin compañía de Ron, para él, era muy importante verlo con él.
Cuando ya pasaron todos, los pequeños Harry, Ron y Marta se ladearon para ver el Callejón Diagón, y, bueno, lo que sintieron no se puede explicar con palabras, estaba todo lleno de gente como ellos, y todo lleno de tiendas para ellos. Emocionados, dieron su primer paso, pero ese paso, fue un gran paso, el paso de su entrada al mundo mágico.

domingo, 7 de julio de 2013

Los ojos azules


Eran las 6:00 de la mañana cuando Harry se despertó. Sediento, extendió su brazo para alcanzar el vaso que había sobre su mesilla, cuando intentó beber se dio cuenta de que este no tenía agua, por lo que, decepcionado, bajó a la cocina a beber.
Cuando bajaba escuchó cuchicheos en el salón, cuando se asomó, no había nadie, extrañado, registró todo el salón, escuchando aún el cuchicheo, pero no había nadie, pensando que era su imaginación, se dio media vuelta y fue hacia la cocina.
Cuando Harry bebía, vio unos ojos azules perla iguales que los de su hermana, observándole. Este se percató de que solo veía los ojos, eran como dos zafiros que brillaban en la oscuridad, estos ojos lo observaban mediante una especie de rendija bajo la mesa del salón.
Harry, aterrorizado, se dirigió hacia la mesa, para ver si era su hermana, que le estaba gastando una broma junto con los gemelos, pero supo que no cuando, antes de cruzar el límite que dividía la cocina y el salón, escuchó de nuevo aquellos cuchicheos, pero esta vez más claros, Harry los entendía perfectamente, parecía que solo repetían una palabra, una única y siniestra palabra, que hizo que a Harry se le pusieran los pelos de punta y no pudiera moverse: muerte.
Harry, sin saber que decir, ni que pensar, chilló lo suficientemente alto como para que, al segundo, estuviera toda la familia Weasley y sus hermanas rodeándole.
-¡Harry! ¿Qué te pasa?- gritaba Alice, agarrando el hombro de su hermano con fuerza.
Harry miró a su hermana Alice, y, llorando, la abrazó con fuerza, agitó el pantalón del pijama de su hermana Marta, en signo de que ella también se uniera a aquel abrazo. En mitad de aquello, Harry susurró entre lágrimas: No os muráis, por favor, no os muráis.
Marta y Alice miraron exhaustas a su hermano Harry.
-¿Por qué íbamos a morir Harry?- dijo Marta extrañada.
-Me lo ha dicho- dijo Harry mirando a su hermana.
-¿Qué te ha dicho?
-Me dijo: Mu-muerte.
Harry echó a llorar y Alice lo abrazó con fuerza.
-¿Quién te ha dicho eso?- dijo Marta ladeando la cabeza.
-Una voz.
Marta miró a Arthur, Arthur se inclinó y miró a Harry, serio.
-Harry, que ha pasado exactamente.
-Estaba bebiendo agua cuando… vi unos ojos azules observarme- dijo Harry- estaban ¡ahí! ¡Ahí mismo! Bajo la mesa- dijo Harry señalando aquel hueco, Molly mandó a la cama a sus hijos y les dijo que cerraran la puerta con pestillo- Yo… creía que era Marta, que me estaba gastando una broma, porque eran idénticos a sus ojos, pero cuando entre en el salón… empecé a escuchar murmullos, que fueron siendo cada vez más claros, hasta que al final me susurró eso, y después se desvaneció, igual que sus ojos.
Arthur miró a Molly, preocupado.
-Bueno, eso solo habrá sido producto de tu imaginación, antes habrás tenido una pesadilla o algo, eso será, bueno, ahora vete a dormir, que dentro de unas horas tenemos que ir al Callejón Diagón.
Los hermanos Potter asintieron y se fueron a sus cuartos, pero Marta giró la mirada de nuevo y pudo verlos, estos parecían contentos, y, juguetones, le guiñaron un ojo a la pequeña.
Marta, aterrorizada, se metió en su cama y se acurrucó entre las finas mantas hasta dormirse, aunque le costó mucho, ya que no podía quitarse ni por un momento de la cabeza la imagen de aquellos ojos azules mirándola.
Cuando esta se quedó dormida, se sumergió en un sueño que ella no podía llamar sueño, sino una pesadilla, quizás, la peor que haya tenido jamás.
Miraba a todos lados, atónita, cuando, al girarme, vi aquellos ojos, azules como el mar, me miraban. Eran tan juguetones y burlones como antes, algo le complacían, algo que yo no entendía les producía placer absoluto. Quise decir algo, pero una voz me interrumpió, y esta decía:
“Muerte” “Muerte” “Muerte” La sombra a todos llegará, huid, pero os alcanzará, escondeos, pero os encontrará, el fin está próximo. No se apiadará de nadie, nadie estará a salvo, uníos, o morid. No intentes defenderte, te vencerá, no intentes matarle, te matará, no intentes nada contra él, porque te verá. Así que advertida estas, únete a nuestro señor, al que debe gobernar a todos los magos del mundo, igual que a los sucios muggles que hay en el. Únete porque el es el amo de todos nosotros, únete Marta, haz que tu familia y amigos se unan también porque sino, morirán. Avisada estas.

viernes, 5 de julio de 2013

Los Weasley


Los hermanos Potter ya llevaban unos meses en la madriguera. Se lo pasaban genial con los Weasley, ya habían perdido toda la vergüenza y se trataban como si fueran de la misma familia. Alice siempre estaba con Percy viendo los nuevos artefactos que traía Arthur y las plantas tan magníficas que crecían a menudo. Harry y Ron eran inseparables, siempre juntos allá donde vayan. Y luego, los gemelos consiguieron embaucar a la pequeña Marta, y ya no solo eran los mejores amigos, sino que ahora Marta formaba parte de sus travesuras.
Una vez, durante la cena, Molly preparó unos dulces para sus hijos, cada uno tenía una especie de magdalena gigante con trocitos de fruta, menos Fred, George y Marta, ya que la anterior noche llenaron la almohada de Percy de lombrices. Pero ellos no se iban a quedar sin magdalenas, que va, como era de suponer, tuvieron un perverso plan para robarle la magdalena a Ron. Marta fue a distraerlo (a él y a Harry) mientras Fred y George le robaban la magdalena y se la escondían para luego comérsela los tres en lo que ellos llamaban, “nuestro lugar oscuro” donde organizaban todas sus travesuras.
Los Weasley eran, en su opinión, la familia que siempre habían deseado, generosa, cariñosa, unida, ¡mágica! Pero lo que más le gustaban, era que es muy divertida, no pasas un día allí sin reírte, pero claro, cada uno a su manera.
Era la hora de comer, todos se sentaron en la mesa, los que tardaron en llegar fueron Harry y Ron, pero, al escuchar el grito de Molly, Ron bajó las escaleras como alma que lleva el diablo.
Mientras comían, charlaban un poco sobre Hogwarts y sobre el Callejón Diagón, ya que era mañana cuando tenían que ir a hacer sus compras, pues, al día siguiente, se irían a Hogwarts.
-¿Estáis nerviosos chicos?- dijo George mirando a Marta, Harry y Ron.
-Yo si… pero eso es porque llevo mucho tiempo esperando esto, y ahora que va a pasar… no me lo puedo creer- dijo Marta sonriendo y a la vez, ladeando la cabeza.
-Eso nos pasó a nosotros el primer día- dijo George mirando a su hermano Fred- pero seguro que lo haces mejor que tu hermana, el primer año iba muy nerviosa a Hogwarts, decía que no podía hacerlo, que no tenía dinero y cosas así.
-¿En serio?- dijo Harry mirando a su hermana Alice, sorprendido.
-Sí, aún lo recuerdo, el primer año tuvimos que ir nosotros a por ella, bueno, el primero, el segundo, y, al parecer también el tercero- dijo Percy- Alice no tenía ni idea de que era el Callejón Diagón, ni donde se encontraba, era tan… cateta. Pero por suerte nos tenía a nosotros.
Marta y Harry sonrieron, cuando Molly se sentó en la mesa la conversación se animó mucho más, pues esta era muy habladora, y muy cotilla además. Hablaron con frialdad sobre las casas, donde Alice, Harry y Marta salieron a defender a Slytherin, ya que no paraban de decir que allí se encontraba mucha gente mala.
-Mira Fred, que sepas que en Slytherin, como en cualquier otra casa, hay personas buenas y malas. No te creas que todos los de tu casa son unos santitos.
-Echa cuentas Alice, Slytherin ha producido una cantidad muy considerable de mortífagos, ¿no crees?
-Lo sé, pero ¡yo! estoy en Slytherin y no soy ni un mortífago, ni una mala persona, ni nada, y no conozco a nadie de mi casa que tenga tendencia hacia las artes oscuras.
-Tú dale tiempo- dijo Fred enarcando las cejas.
-¡Basta!-gritó Molly- tengamos la comida en paz.
Todos se miraron entre ellos, Fred y Alice intercambiaron una mirada chispeante, seguida de una sonrisa de oreja a oreja.
Era imposible enfadarse con ellos, y menos con uno de los gemelos, porque eran unos encantos de chicos, muy traviesos y perversos respecto a las travesuras, pero si son muy buenos. Alice, cuando entró en Slytherin, pensó que su amistad con los Weasley se acabaría para siempre, por eso no estuvo muy alegre los primeros días en Hogwarts. Pero se animó mucho más cuando vio a los gemelos y a Percy, y estos, sonriendo, le dieron la enhorabuena.
-Enhorabuena Alice, era lo que querías, ¿verdad?- le dijo Percy.
-Si, mucho, pero he estado un poco triste porque pensé que dejaríamos de ser amigos- dijo Alice cabizbaja.
-Tranquila, cada uno hemos ido a la casa que queríamos, tu a Slytherin, y nosotros a Gryffindor- dijo Fred- ¿verdad George?
George asintió.
-Enhorabuena a vosotros también, bueno, me tengo que ir, ya hablaremos, ¡adiós!- les dijo sonriente mientras se alejaba.
Después de comer recogieron la mesa, y luego salieron al jardín, hubo una alerta roja, ya que vieron gnomos allí, los jóvenes ayudaron a Molly a des-gnomizar el jardín, necesitaba ayuda, ya que estos seres eran pequeños, y rápidos.
Cuando terminaron de eliminar a los gnomos del jardín, se fueron a dar una vuelta por las afueras de la madriguera, Molly quedó a los niños a cargo de Percy, Fred, George y Alice. Tras eso, Ron, Marta y Harry se sintieron más pequeños de lo que eran, puesto que estaban en manos de unos muchachos con tan solo trece años, bueno, Percy tenía catorce años.
A las afueras encontraron una gran charca en la que había un montón de ranas, Alice, Fred, George y Percy empezaron a practicar hechizos.
Fred empezó a decir “Wingardium Leviosa” con este hechizo, Fred hizo levitar a una rana, para él fue muy entretenido, ya que luego estuvo persiguiendo a Ron y a Harry con la rana, amenazando con tirársela a la cabeza a alguno.
Percy decidió no infringir las reglas de Hogwarts y no hacer magia allí, Alice hizo lo mismo, pero a Fred y a George les daba igual, se entretuvieron allí mucho tiempo, viendo como los gemelos hacían, o al menos, intentaban hacer hechizos que aún no estaban muy a su alcance.
Finalmente regresaron a la madriguera, la cena estuvo aún más animada que la comida, puesto que en la cena estuvo Arthur Weasley, y Arthur era algo… impresionante. Pero, la mayor parte del tiempo estuvo explicándole cosas a Harry y Ron sobre los artefactos muggles que el coleccionaba.
Cuando terminaron de cenar se fueron todos a dormir, estaban cansados y querían tener puestas las pilas para ir mañana a hacer las compras al Callejón Diagón, Harry, Ron y Marta, sobre todo Marta, ya lo estaban deseando.

jueves, 4 de julio de 2013

La madriguera


Cuando consiguieron aterrizar el coche, George estaba un poco asustado, Alice ya conocía a Molly y sabía como se iba a poner al averiguar lo que habían hecho con el coche.
George, nervioso, despertó a su hermano Fred, pues aclaró que el no se iba a comer el marrón solo, al despertarse Fred, se despertaron Marta, Harry y Ron, que, aunque habían dormido sus horas, aún seguían teniendo sueño, eran las 5:00 de la mañana, y ellos solo querían descansar.
Como ya suponían, Molly les estaba esperando en la puerta, golpeando su pie rítmicamente contra el suelo y muy malhumorada.
En cuánto salieron del coche, fueron a la parte trasera para coger el equipaje de los tres hermanos.
-Harry, Alice, Marta, quedaos aquí, ahora toca bronca y no quiero que os involucre a vosotros también- susurró Fred a los tres hermanos.
-¿Y… y yo que hago?- dijo Ron preso del pánico, pues le daba mucho miedo la cara que estaba poniendo su madre.
-Tú… quédate ahí para ayudarlos, pero no mucho tiempo, si ves que nos empieza a gritar mucho, nos auxilias- dijo George agarrando por los hombros a su hermano.
-¿Y que podría hacer yo por vosotros en la riña?- dijo Ron con una ceja levantada.
-Pues…-dijo Fred mirando de arriba abajo a su hermano- eres pequeño, y… supongo que a mamá todavía le pareces mono, pones una voz de niño arrepentido al que le acaban de echar una bronca descomunal, y la bronca pues… eso, ya no será tan descomunal.
El pequeño asintió, y sus hermanos le sonrieron, cuando se dieron la vuelta, la dieron con miedo, pero, se acercaron a su madre lentamente y, como no, sonriendo.
-Hola mami- dijo George sonriendo.
Molly no dijo nada, solo dilató aún más los poros de su nariz, estaba muy furiosa, y sin quitar la vista de sus dos hijos, tomó aire para tranquilizarse.
-Mis queridos y adorables hijos, luego… ¡hablaremos!-dijo Molly apretando los labios y pellizcándoles una mejilla a sus hijos.
Los gemelos se miraron, helados ante la reacción de su madre, esta, fue a recibir a los nuevos invitados a la casa Weasley.
-Vamos chicos, venid a ayudar- dijo Molly a sus hijos.
Estos fueron hacia allí, Molly ya tenía los dormitorios preparados para los tres, lo único que hizo fue agrandar tres veces más la casa y colocar fundas en las camas de cada dormitorio y punto, luego ya lo iría decorando. Lo primero y último que hicieron, fue llevar cada una sus maletas correspondientes a cada cuarto, y luego, meterse en la cama para descansar un poco.
Eran las 11:00 de la mañana cuando Marta se despertó, vio que junto a ella había una mesilla en la que no se había fijado horas atrás, en la que, sobre ella, había un reloj que marcaba la hora, esta, restregándose los ojos, cogió el reloj, lo miró, y se desplomó. Finalmente, bajó a desayunar a la cocina, dejando el reloj  nuevamente sobre la mesilla.
Cuando bajó a la cocina, pudo ver como era claramente, una habitación pequeña, no mucho claro, tenían que caber muchas personas ahí, bueno, ahora más de lo normal. Se dirigió a sentarse en el único asiento libre que había, el que estaba junto a Fred y Percy.
Estuvieron todo el desayuno charlando entre ellos, lo principal, de su llegada a la casa de los Weasley, se notaba que Molly estaba encantada, es como si hubiera tenido tres hijos más, ella ya no quería que se fueran de allí, puesto que en el mundo muggle ya nadie los quería, pero en este, en el mágico, la gente los adoraban.
Desayunaron con alegría, tuvieron tiempo de conocerse entre ellos mejor, Alice, hizo muy buenas migas con Percy, Ron, seguía distraído hablando con Harry, se notaba que entre ellos había nacido una gran amistad, y luego, Marta hizo unas migas de rechupete con los gemelos Weasley, con los dos claro, aunque ella le mostraba un especial interés hacia Fred, como no.
Marta y los gemelos estuvieron hablando principalmente de las casas de Hogwarts, los gemelos, intentaron hacer que Marta recapacitara y que se fuera a Gryffindor con ellos, que estarían encantados de cuidarla, pero ella se negaba rotundamente, decía que su casa era y siempre sería, Slytherin.
Después de desayunar, salieron al jardín, este, estaba lleno de maleza y césped sin cortar, con árboles de troncos nudosos juntos a los muros de la casa. En el arriete, tenían muchas plantas mágicas exuberantes, Percy, le estuvo detallando varias características de ellas a Alice, ya que a este, y a la propia Alice les encantaba la herbología. En el jardín también había un estanque de agua verde lleno de ranas. Lo malo del jardín es que había que des-gnomizarlo con frecuencia.
Bueno, también había un cobertizo, este, estaba junto a un corral de gallinas, estaba lleno de artefactos Muggles, que, según Ron, Arthur intentaba desmontar, o simplemente, coleccionar. También se utilizaba a veces para guardar el For Anglia azul en el que habían venido los chicos volando.
Esa era la Madriguera, puede que no fuera muy grande, pero, se notaba que los Weasley no necesitaban mucho para ser felices, sobre todo, teniéndose los unos a los otros, Fred y George siempre estaban compinchados, esto era claro, si pillabas a uno de los dos haciendo alguna trastada, era cuestión de segundos de que apareciera el otro también, reconociendo haber tenido también algo que ver.
Los hermanos Potter se miraron entre ellos, y luego, miraron la Madriguera, sabían que no era como la casa que tenían antes, pero… madre mía, ¡como se lo iban a pasar allí!

miércoles, 3 de julio de 2013

Viaje a casa de los Weasley


El trayecto hacia la casa de los Weasley fue un poco largo, Harry, Ron, Marta y Fred se quedaron dormidos, los únicos en quedarse en pie fueron Alice y George, bueno, George tenía que estarlo, ya que era el que conducía.
Alice se giró para ver a los cuatro, y vio a Fred tumbado en los tres asientos, ocupándolos todos, pero junto a ella tenía a la pequeña Marta, que le rodeaba con el brazo el pecho, luego, miró hacia abajo, en los dos reposa pies, estaban Ron y Harry, con las cabezas pegadas, estos dos se hicieron muy amigos antes de dormirse, al igual que Marta y Fred, y que Alice y George.
-Gracias por haber venido, no… soportaba más estar rodeada de tantos muggles, encima de muggles como mis tíos- dijo Alice inclinando la cabeza.
-¿Por qué no nos llamaste antes para que fuésemos?- dijo George sin perder la vista de las nubes.
-Porque a ellos todavía no les había llegado la carta de Hogwarts, y tenía que tener una buena excusa para irme.
-¿Mejor excusa que la de vivir rodeada de muggles Dursley? Creo que esa era mejor que la de Hogwarts- dijo George desviando un minuto la mirada de las nubes para sonreírle a Alice.
Se notaba mucho que el pequeño George estaba un poco enamorado de Alice. Esta, también lo estaba antes de entrar en Hogwarts. El primer año también se fue con ellos unos días antes, y en ese tiempo se acercó lo suficiente a George como para que le gustara mucho, pero luego, cuando entró en la casa Slytherin y conoció a Draco, los sentimientos de Alice cambiaron, y el mundo entero se desmoronó ante el pequeño George.
Se empezaron a escuchar ruidos detrás, George y Alice se dieron la vuelta y vieron como Ron gritaba: ¡Arañas! ¡Arañas! No, dejadme, no quiero bailar con vosotras, ¡no! ¡Arañas! ¡Fred, George!
Alice se quedó boquiabierta ante la reacción de Ron en sueños, miró a George, este, esbozaba una amplia sonrisa en su cara y ladeaba la cabeza de un lado a otro.
-¿De qué te ríes?- dijo Alice extrañada.
-Es que… Ron dice eso porque, de pequeño, Fred y yo… bueno, convertimos su osito de peluche en una araña gigante- dijo George atascándose de vez en cuando, pues hacia pausas para reír.
Alice miró a George ladeando la cabeza, eso sí, Fred y George eran muy perversos respecto a esas cosas, una vez, estuvieron a punto de hacer que Ron hiciera un juramento inquebrantable.
Pero no solo se cebaban con su hermano pequeño, no, un día fueron a Egipto (ya que su padre ganó el premio del periódico El Profeta) a ver a su hermano mayor Bill, bueno, pues Ron tenía un chivatoscopio, es un aparato que empieza a dar vueltas hasta encenderse si hay alguien cerca que es no de fiar, el caso es que Bill empezó a decir que eso era un aparato ridículo que engañaba a todo mago que lo usara, pues estuvo toda la noche dando vueltas, lo que el no sabía, era que Fred y George les habían echado escarabajos en la sopa.
Si, así eran los gemelos Weasley. La familia Weasley es muy compleja, pues contando con los padres, Arthur y Molly Weasley, eran ocho en la familia. Son seis hermanos, el mayor, es Bill, después de este, Charlie, luego va Percy, este, era el prefecto de la casa Gryffindor, donde están Fred y George, después van ellos dos, después, Ron y, finalmente, la pequeña Ginny, que después de ver como todos sus hermanos iban a Hogwarts, arde en deseos de ir ella también.
La pequeña Marta se empezó a despertar, miró hacia delante, George y Alice seguían hablando sobre las travesuras que hacían Fred y George, la pequeña miró a Fred, y… supo al instante que lo quería, solo lo conocía de unas horas, pero era lo suficiente como para enamorarse locamente de él, por lo que, volvió a mirar hacia delante, y, al ver que no se percataban de que estaba despierta, esta se inclinó y le dio un beso en la mejilla al gemelo, y luego, se recostó de nuevo sobre su pecho y cerró los ojos sonriendo.
-¡Ahí esta nuestra casa!- señaló George.
-Por fin llegamos, estoy muy cansada y quiero dormir…- dijo ella entrecerrando los ojos.
-¿Por qué no te has dormido antes?- dijo George maniobrando el volante hábilmente.
-No quería dejarte solo conduciendo, alguien te tenía que hacer compañía, ¿no?- dijo Alice sonriendo.
Aunque Alice estuviese enamorada de Draco, si que sentía algo especial y muy fuerte hacia George que le hacía acelerarse o sonrojarse cuando hablaba con él. Al principio, George estaba decidido a decirle a Alice lo que sentía por ella, pero cuando supo que ella estaba enamorada de Draco, lo dejó.
-Hogar, dulce hogar- dijo George mientras el coche descendía de las nubes.
Alice alzó la mirada y vio una casa con cuatro o cincho chimeneas, y en la puerta, tenía un letrero en el que ponía: La Madriguera.

martes, 2 de julio de 2013

Intrusos en el cuarto


Eran la 1:00 de la mañana cuando Marta escuchó un estruendo en su cuarto, se despertó, sobresaltada por el ruido, entonces, vio que el ruido procedía de su armario, por lo que cogió un paraguas que tenía bajo su cama y empezó a andar sigilosamente hacia la puerta del armario. Se puso junto a ella, para que, cuando abriera la puerta, golpeara al instante a lo que fuera que había ahí dentro.
Cuando abrió la puerta, vio unas sombras, al instante las golpeó con todas sus fuerzas, se sintió aliviada cuando vio como estas se desplomaban al suelo, pero se aterrorizó más, cuando vio otra sombra salir, por lo que, se puso delante del armario, apuntándole con el paraguas.
-¡Pero que te pasa!- dijo un chico que salía del armario, este, tenía los brazos arriba y una cara de pánico impresionante.
-¡Quién eres! ¡Quienes son esos! ¡Qué haces aquí!- gritaba la pequeña, ya que estaba nerviosa, y a la vez aterrorizada.
Cuando el chico salió a la luz, esta le miró la cara, era un niño de su edad, pelirrojo, con pecas en la cara y apunto de hacerse pis encima.
-¡Te he dicho… quién eres!- dijo apuntándole con el paraguas.
-So-soy Ron, Ron Weasley- dijo tapándose la cabeza y a punto de echarse a llorar.
Marta bajó el paraguas lentamente, sin fiarse mucho de aquel niño, por muy aterrorizado que estuviese, a ella no le acababa de convencer, por eso no soltó el paraguas.
-¿Qué pasa aquí?- dijo Alice entrando por la puerta, miró a su hermana, exhausta- ¿Ron?
Marta se quedó muda al escucharla, ese chico decía la verdad, pero de lo que Marta se había olvidado eran de esos dos seres que estaban tirados en el suelo, cuando Alice encendió la luz, pudo ver, avergonzada y sorprendida, a los gemelos Weasley, gimiendo de dolor.
Alice miró a su hermana, ladeando la cabeza de un lado a otro, se agachó para levantar a los gemelos, pero estos seguían en el suelo, compadeciéndose el uno al otro por el golpe que Marta les había dado tan bruscamente.
-Fred, George, ¡lo siento!- dijo Marta avergonzada, mientras veía como los gemelos se levantaban.
-Pero… ¿por qué has hecho eso?- dijo uno.
-Si, casi nos matas, bueno, si nos hubieses dado en la cabeza estoy seguro de que ¡si! hubieras logrado asesinarnos.
-Em…- dijo Marta intentando disculparse, pero el otro la interrumpió.
-¿Qué pasa? ¿Era tu propósito de esta noche? Estabas aburrida y dijiste, venga, me voy a cargar a los gemelos- dijo el otro, tocándose la barriga.
-Si, es que…- empezó a decir otro.
-¡Callaos!-gritó ya Marta- dejadme hablar, lo siento, ¿vale? Es que hacíais mucho ruido y yo estaba asustada, y creedme, no parecíais niños.
-Gracias por el halago- dijo uno ladeando la cabeza.
-Si, eso es igual que decirnos: ¡Hey George!, me gusta tu nuevo corte de pelo, estás fantástico- dijo el otro sobresaltado.
-Esperad, antes de nada, quién es Fred, y quién es George, necesito aclararme por favor- dijo Marta desesperada.
-El es Fred- dijo uno señalando al de su derecha.
-Y es el George- dijo el otro señalando al de su izquierda.
-Bien, genial- dijo aliviada.
Los gemelos se empezaron a reír de la joven sin parar.
-¿Qué pasa?
-Era una broma, yo soy Fred- dijo el de la izquierda.
-Y yo soy George- dijo el de la derecha, riendo.
Marta miró a su hermana Alice, y luego a Ron, los dos asintieron, en símbolo de que decían la verdad, pero de todos modos, Marta es muy fácil de enfadar, por lo que agarró por las orejas a los gemelos y los llevó arrastras hacia la cama.
-¿En serio? ¿No te ha… bastado con habernos quedado inconscientes?- dijo Fred quejándose ante como lo tenía agarrado.
-Primero, quiero que os quede una cosa muy clara, a mi no me vengáis con chulerías, porque vale que soy más pequeña que vosotros, pero cuando me enfado, me enfado- dijo esta cambiando el color de sus ojos a rojo fuego y luego a negro carbón.
Los gemelos, Ron y la propia Alice se quedaron embobados y fascinados con la facilidad con la que cambiaba de color de ojos.
-Qué pasa- dijo una voz diminuta desde la puerta.
Era Harry, se estaba restregando los ojos, pues se acababa de levantar, se dirigió hacia Alice mientras se ponía las gafas.
-¿Quiénes son?- dijo mirando a los tres hermanos.
-El saco de boxeo de tu hermana- dijo George.
Harry se quedó extrañado y miró a sus hermanas, sin saber que decir, ni a cual se refería aquel chico.
-Son los Weasley, así que, nos tenemos que ir ya, ¿tenéis las maletas preparadas?- preguntó Alice a sus hermanos.
-Sí- dijeron a coro Marta y Harry.
-Entonces, vestiros y revisad si se nos ha pasado algo a alguno, ¡por toda la casa! ¿Vale?- dijo esta mirando a sus hermanos.
Los dos pequeños asintieron, Harry echó a correr hacia su habitación.
-Si no os importa, este es mi cuarto- dijo Marta señalando la puerta.
Los hermanos Weasley y su hermana se fueron para que la pequeña se pudiera vestir, Alice dejó a los hermanos abajo viendo la televisión, mientras ella se cambiaba.
Un rato después, ya estaban abajo los tres, con todas sus maletas, Marta traía a su gato Napoleón en una jaula con todo lo que tenía de el.
-¿Se puede venir?- dijo esta con cara de pena.
Los hermanos asintieron, y la pequeña les sonrió, cuando salieron, vieron un coche aparcado en mitad de la calle.
-Tengo un presentimiento de que eso es vuestro- dijo Alice sonriéndole a los gemelos.
Después de que Alice le dejara una nota a su tía Petunia en la cocina, se montaron en el coche y, como sabían como eran los Weasley, no se sorprendieron nada, al ver que el coche volaba, y así se fueron, se fueron de allí para siempre, o al menos, eso esperaban ellos. 

lunes, 1 de julio de 2013

La tía Petunia


Petunia se quedó helada ante la brusca y maleducada respuesta de su sobrina Alice, porque si antes estaba furiosa, ahora lo estaba más.
-¿Qué me has dicho?- dijo con calma.
-Deberías limpiarte los oídos tía Petunia, eso es lo que hace que escuches tan mal, he dicho: ¡No!
-Yo soy vuestra tutora, y tengo derecho a opinar si quiero que mis sobrinos vayan a una escuela de ma… de bichos raros- dijo mirando con repugnancia a Alice.
-¡No hables así de Hogwarts!- dijo ella dando un puñetazo en la mesa.
-Solo he dicho la verdad, y para que lo sepas Alice, ¡tú! tampoco irás este año, tu tío y yo lo hemos decidido, te quedarás aquí con tus hermanos- dijo esta sonriendo.
-¡Ni hablar! Hogwarts es mi hogar, y este año, también va a ser el de mis hermanos, porque van a ir, vamos a comprar todo lo que necesiten, y… luego llegaremos al “Gran Comedor” y allí, les pondrán en la casa Slytherin, ¡conmigo!- dijo esta ya más que enfadada.
-¡No irán! Ni tu tampoco, además, no sé porque estoy manteniendo esta discusión contigo, tú no mandas sobre tus hermanos.
-¡Claro que sí! ¿Sabes por qué tía Petunia? Porque ella nos quiere, nos ha cuidado siempre y sabe mejor que ¡tú! lo que nos conviene, no nos conoces para nada- dijo el pequeño Harry sobresaltado.
-Tú te callas, contigo no va la conversación.
-¡Pues claro que va con él! Y conmigo también, porque estas opinando sobre donde vamos a ir o no, Harry y ¡yo!- dijo Marta mientras le dirigía una mirada de furia a su tía Petunia.
-¡Ya estoy harta!- dijo Petunia gritando- Estoy harta de esto, cuando vuestro tío y yo os acogimos, juramos dar de lado ese tema, juramos que nunca sabríais sobre ese horrible colegio.
Los hermanos se quedaron callados, pero aún estaban muy enfadados, y Alice lo estaba tanto, que ya tenía la mano en su bolsillo, agarrando su varita con fuerza para alzársela a su tía y que dejara de hablar así de Hogwarts.
-Aún recuerdo aquel día, en el que vuestra madre recibió la carta de Hogwarts, todos le daban la enhorabuena, y exclamaban: “¡Qué bien! Tenemos una bruja en la familia” yo era la única que veía lo que era en realidad, un monstruo. Así fue creciendo, iba a ese… estúpido colegio, y cuando podía, venía y alardeaba de lo bien que le iba allí. Luego conoció a vuestro padre y os tuvieron a vosotros. Yo sabía que ibais a ser así, sabía que al igual que ella y que tu padre, no ibais a ser normales, que ibais a ser unos bichos raros- dijo esta indignada, mirando a sus sobrinos con gesto desaprobador- Hace dos años Alice fue a Hogwarts, pero porque escapó con esa familia de magos, los Weasley, los gemelos que tenían se la llevaron a toda prisa sin poder impedirlo, claro que ese fue su segundo año, ahora esperabas hacer el tercero, ¿verdad?
Marta y Harry se miraron sorprendidos ante la historia de su tía Petunia, ellos sabían como se escapó su hermana estos dos últimos años, pero no sabían nada de cómo se sintió ella cuando se supo que su hermana era maga.
Alice, miraba a todos lados, parpadeando varias veces, sin saber que decir, sin saber que pensar, pero cuando se aclaró, miró a su tía Petunia.
-Le tenías envidia, tú… le tenías envidia a mi madre, y hasta hoy sigues enferma de esa envidia, ese rencor que acumulaste hacia ella, no fue culpa de nadie más que de ti, de querer ser lo que ella era, pero no fue así.
Su tía Petunia se quedó petrificada, sin saber que responderle a su sobrina, puesto que esta había acertado en todo.
-Yo también le tendría envidia a mi hermana si ella fuera ‘especial’ y yo no. Así que si, te comprendo, es horroroso… ser una muggle, y encima… ser una muggle como tú, mis hermanos van a ir a Hogwarts, y si hace falta me vuelvo a escapar, porque este es tu hogar tía Petunia, pero no el nuestro, nuestro hogar  es Hogwarts, y siempre será así.
Eso le hizo a Petunia quedarse callada, y soltar algunas lágrimas, puesto que, al fin y al cabo, Lily era su hermana, contempló y escuchó a Alice y le recordó a ella, su rostro y su madurez, su forma de hablar… todo, por eso se dio la vuelta, para que los niños no la viesen lloriquear de esa manera.
Agarró el pomo de la puerta con fuerza.
-Yo también la quería, era mi hermana…- susurró, apoyando la frente en la puerta- Vendré luego, pero esta vez, con vuestro tío Vernon.
Salió dando un portazo, Alice miró la puerta con cara de odio, luego, miró a sus hermanos y sonrió.
-Bueno, creo que hay que enviar a Hogwarts una lechuza, bueno… dos lechuzas con nuestras respuestas, y hacer una llamadita a mi familia preferida de magos- dijo con una sonrisa despampanante en sus labios.
Miró su agenda, y, rápidamente encontró el número que buscaba con el nombre de a quién pertenecía: Weasley.
Harry y Marta sonrieron, y fueron a hacer las maletas mientras su hermana hablaba con aquella entrañable familia. Sabían lo que iban a hacer, se irían con los Weasley una temporada hasta que tuvieran que ir al Callejón Diagón a comprarlo todo.
El Callejón Diagón, es una calle en la que hay todo tipo de tiendas para jóvenes magos, en esas tiendas, los magos compran lo que van a necesitar para Hogwarts, calderos, libros… una varita en Ollivander.
Después de imaginarse todo aquello, Harry y Marta sonrieron, pues adoraban el mundo mágico, y querían formar cuanto antes parte de él.

domingo, 30 de junio de 2013


Los tres hermanos, en especial Marta, se quedaron paralizados al ver aquella carta, Harry y Marta la llevaban esperando desde que su hermana Alice entró en Hogwarts, donde el sombrero seleccionador la colocó en la casa Slytherin, allí fue donde la joven conoció a su querido Draco. Por eso, Harry y Marta, no solo querían ir a Hogwarts, sino que también querían ser de Slytherin.
Nerviosos, abrieron la carta, y, en ella ponía:


                                 

COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA Y HECHICERÍA.

Director: Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore.
(Orden de Merlín, Primera Clase, Gran Hechicero, Jefe de Magos, Jefe Supremo, Confederación Internacional de Magos)

Querido señor: Potter

Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios. Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de Julio.

Muy cordialmente:
Minerva McGonagall
Directora adjunta.


Colegio hogwarts de magia y hechicería.

UNIFORME:
Los alumnos de primer año necesitarán:

        . Tres túnicas sencillas de trabajo (negras)
        . Un sombrero negro puntiagudo para uso diario.
        . Un par de guantes protectores (piel de dragón o semejante)
        . Una capa de invierno (negra, con broches plateados)
(Todas las prendas de los alumnos deben llevar etiquetas con sus nombres)


LIBROS:
Todos los alumnos deben tener un ejemplar de los siguientes libros.

        . El Libro Reglamentario de Hechizos (Clase 1) Miranda Goshawk.
        . Una Historia de la Magia, Bathilda Bagshot.
        . Teoría Mágica, Adalbert Waffling.
        . Guía de Transformaciones para principiantes, Emeric Switch.
        . Mil Hierbas y Hongos Mágicos, Phyllida Spore.
        . Filtros y Pociones Mágicas, Arsenius Jigger.
        . Animales fantásticos y dónde encontrarlos, Newt Scamander.
        . Las Fuerzas Oscuras. Una guía para la autoprotección, Quentim Trimble.


Resto del equipo:


        . 1 varita.
        . 1 caldero (peltre, medida 2)
        . 1 juego de redomas de vidrio o cristal.
        . 1 telescopio.
        . 1 balanza de latón.


Los alumnos también podrán traer una lechuza, un gato, una rata (ratón) o un sapo.
Se recuerda a los padres que a los alumnos de primer año no se les permiten tener escobas propias.  


Se quedaron de piedra al leerla, aunque la pobre Marta se decepcionó un poco, porque esa carta iba especialmente hacia su hermano Harry, pero se alegró mucho más, cuando vio otra carta igual que la de su hermano, pero con una diferencia, esta, iba para ella.
Aquel día, Harry y Marta no paraban de hablar de otra cosa, de lo magnífico que iba ser Hogwarts para ellos, de lo que deseaban ir a la casa Slytherin, de todo…
Alice estaba feliz por sus hermanos, pues ella también esperaba la carta de admisión para ellos desde hace tiempo, ya que quería tenerlos controlados todo el año, y quería saber cuánto antes, si ellos también eran de Slytherin.
Aunque sus padres fueran de Gryffindor, Alice siempre se mantuvo leal a la casa Slytherin, siempre fue su sueño ir allí, además, todo mejoró cuando conoció al director de la casa, Severus Snape, es profesor de pociones, y le ha cogido un cariño muy especial a Alice, ella está encantada con él, y por eso también le gusta tanto estar en la casa Slytherin.
Estaban los tres hablando con entusiasmo sobre el tema, cuando, escucharon la puerta de casa abrirse, y, sin poder darse cuenta, vieron a su tía Petunia en la puerta de la cocina, mirando, malhumorada, la carta que tenían en la mano Harry y Marta.
-Harry, Marta, sed buenos, y entregadme ahora mismo esas cartas.
Los jóvenes se aferraron a sus cartas como nunca.
-¡Que me las deis!- gritó furiosa.
-¡NO!- dijo muy enfadada Alice, levantándose de su asiento, y poniéndose delante de sus hermanos- No.

sábado, 29 de junio de 2013

El comienzo



Estaban las hermanas Potter preparando el desayuno, como siempre. Alice, era la más torpe, por lo que ella solo puso la mesa y echó el zumo; Marta, tampoco era muy ágil que digamos, pero ella al menos consiguió hacer unas tostadas. Y, aunque Alice era un poco vaga, accedió a ir a hacer la tarea más difícil, despertar a su hermano Harry.
Ella entró en su habitación con sigilo, y, empezó a llamarlo dulcemente.
-Vamos Harry, a desayunar- le dijo suave y cariñosamente- Harry, venga.
Al no tener respuesta, esta ya se estremeció.
-Harry… ¡DESPIERTA!- dijo ya enfadada zarandeando a su hermano.
Harry se levantó exhausto, con el corazón acelerado y con una intensa mirada de odio a su hermana Alice.
Esos son los hermanos Potter, la mayor es Alice, tiene 12 años (para cumplir 13), cuida de sus hermanos, Marta y Harry, que son mellizos. Son huérfanos, pues los padres de ellos murieron cuando Voldemort, al que llaman el señor tenebroso, vino a por su hermano Harry, pues una profecía dijo que un día, a finales de junio, nacería un niño que le derrotaría, y este fue a matarlo, los padres dieron la vida por sus hijos, quedándolos huérfanos, y en manos de su envidiosa tía Petunia.
Aunque su tía se encargó de mantenerlos, no quiso que se fueran a su casa, puesto que además de no haber sitio para ninguno, ellos… le recordaban mucho a su hermana. Sobre todo Alice, que era la viva imagen de Lily Potter.
Los tres eran muy conocidos en el mundo mágico, está Alice, por su increíble parecido a su madre, a Harry por ser “el niño que sobrevivió” y a Marta, porque tiene algo especial, puede cambiar el color de sus ojos a su antojo, cuando quiera, en un momento los puede tener color amarillos paja, como los ojos de un hombre lobo, y en otro momento los puede tener rojos como el fuego.
Así que, esa fue su vida desde entonces, aunque les costó mucho acostumbrarse, supieron adaptarse a la rutina de cuidarse solitos.
Cuando Harry bajó a la cocina estaba ya todo preparado, se sentó en una silla, y, después de refregarse bien los ojos para despertarse definitivamente, se quedó mirando su plato, pasó de estar sobresaltado, a estar furioso.
-¡Marta! Te he dicho que dejes de echarme a ¡mi! las tostadas quemadas, que soy aquí el perro de turno- dijo frunciéndole el ceño a su hermana.
-Ni que te las pusiera todos los días- dijo esta sentándose en su silla correspondiente.
-Es que… ¡me las pones todos los días!
-Bueno, pues si tantas quejas tienes, porque no te levantas ¡tu! solito, ¡y haces el desayuno en condiciones! Que entonces ya veremos quien ríe el ultimo- dijo esta sobresaltada- que tenemos la misma edad y parezco tu sirvienta.
Con su comentario, Marta quedó callado a su hermano, después de que se sentara su hermana Alice, empezaron a desayunar, comenzaron a contar cada una sus respectivos sueños, Alice, exageraba un poco con soñarse con un chico que ella conocía, llamado Draco Malfoy, se quedó colada por él desde el primer momento en que lo vio, por eso Harry y Marta le tomaban tanto el pelo con eso.
Cuando terminaron el desayuno, empezaron a recoger la mesa, en eso se ayudaban mutuamente, aunque la mayoría lo hacía Harry, pues como era un dormilón y un recomodón, tenía que pagar un precio por tantos lujos, así que, el recogía casi todo y fregaba los platos, Alice tenía muy bien educados a sus hermanos, y sus hermanos la tenían muy bien educada a ella, después de fregarlo todo, Alice se asomó a la ventana, y se quedó asombrada al ver a lo lejos volar a una lechuza.
Esta se quedó exhausta al ver aquella lechuza, miró a sus hermanos y sonrío, con lágrimas en la cara.
-¿Qué te pasa Alice? ¿Qué hay?- preguntó Marta, pero, cuando vio lo mismo que su hermana, se dirigió a toda rapidez hacia la puerta.
-¡POR FIIIN!- gritaba por todo el pasillo.
-¡SIIII!- gritaba su hermano Harry detrás de ella, pues ya se imaginaba el por qué de su entusiasmo.
Cuando llegaron a la puerta había una carta, pero esa no era una carta corriente, esa, era la carta de admisión en Hogwarts.