Los hermanos Potter ya llevaban unos meses en la madriguera.
Se lo pasaban genial con los Weasley, ya habían perdido toda la vergüenza y se
trataban como si fueran de la misma familia. Alice siempre estaba con Percy
viendo los nuevos artefactos que traía Arthur y las plantas tan magníficas que
crecían a menudo. Harry y Ron eran inseparables, siempre juntos allá donde
vayan. Y luego, los gemelos consiguieron embaucar a la pequeña Marta, y ya no
solo eran los mejores amigos, sino que ahora Marta formaba parte de sus
travesuras.
Una vez, durante la cena, Molly preparó unos dulces para sus
hijos, cada uno tenía una especie de magdalena gigante con trocitos de fruta,
menos Fred, George y Marta, ya que la anterior noche llenaron la almohada de
Percy de lombrices. Pero ellos no se iban a quedar sin magdalenas, que va, como
era de suponer, tuvieron un perverso plan para robarle la magdalena a Ron. Marta
fue a distraerlo (a él y a Harry) mientras Fred y George le robaban la
magdalena y se la escondían para luego comérsela los tres en lo que ellos
llamaban, “nuestro lugar oscuro” donde organizaban todas sus travesuras.
Los Weasley eran, en su opinión, la familia que siempre
habían deseado, generosa, cariñosa, unida, ¡mágica! Pero lo que más le
gustaban, era que es muy divertida, no pasas un día allí sin reírte, pero
claro, cada uno a su manera.
Era la hora de comer, todos se sentaron en la mesa, los que
tardaron en llegar fueron Harry y Ron, pero, al escuchar el grito de Molly, Ron
bajó las escaleras como alma que lleva el diablo.
Mientras comían, charlaban un poco sobre Hogwarts y sobre el
Callejón Diagón, ya que era mañana cuando tenían que ir a hacer sus compras,
pues, al día siguiente, se irían a Hogwarts.
-¿Estáis nerviosos chicos?- dijo George mirando a Marta,
Harry y Ron.
-Yo si… pero eso es porque llevo mucho tiempo esperando
esto, y ahora que va a pasar… no me lo puedo creer- dijo Marta sonriendo y a la
vez, ladeando la cabeza.
-Eso nos pasó a nosotros el primer día- dijo George mirando
a su hermano Fred- pero seguro que lo haces mejor que tu hermana, el primer año
iba muy nerviosa a Hogwarts, decía que no podía hacerlo, que no tenía dinero y
cosas así.
-¿En serio?- dijo Harry mirando a su hermana Alice,
sorprendido.
-Sí, aún lo recuerdo, el primer año tuvimos que ir nosotros
a por ella, bueno, el primero, el segundo, y, al parecer también el tercero-
dijo Percy- Alice no tenía ni idea de que era el Callejón Diagón, ni donde se
encontraba, era tan… cateta. Pero por suerte nos tenía a nosotros.
Marta y Harry sonrieron, cuando Molly se sentó en la mesa la
conversación se animó mucho más, pues esta era muy habladora, y muy cotilla
además. Hablaron con frialdad sobre las casas, donde Alice, Harry y Marta
salieron a defender a Slytherin, ya que no paraban de decir que allí se
encontraba mucha gente mala.
-Mira Fred, que sepas que en Slytherin, como en cualquier
otra casa, hay personas buenas y malas. No te creas que todos los de tu casa
son unos santitos.
-Echa cuentas Alice, Slytherin ha producido una cantidad muy
considerable de mortífagos, ¿no crees?
-Lo sé, pero ¡yo! estoy en Slytherin y no soy ni un
mortífago, ni una mala persona, ni nada, y no conozco a nadie de mi casa que
tenga tendencia hacia las artes oscuras.
-Tú dale tiempo- dijo Fred enarcando las cejas.
-¡Basta!-gritó Molly- tengamos la comida en paz.
Todos se miraron entre ellos, Fred y Alice intercambiaron
una mirada chispeante, seguida de una sonrisa de oreja a oreja.
Era imposible enfadarse con ellos, y menos con uno de los
gemelos, porque eran unos encantos de chicos, muy traviesos y perversos
respecto a las travesuras, pero si son muy buenos. Alice, cuando entró en
Slytherin, pensó que su amistad con los Weasley se acabaría para siempre, por
eso no estuvo muy alegre los primeros días en Hogwarts. Pero se animó mucho más
cuando vio a los gemelos y a Percy, y estos, sonriendo, le dieron la
enhorabuena.
-Enhorabuena
Alice, era lo que querías, ¿verdad?- le dijo Percy.
-Si, mucho,
pero he estado un poco triste porque pensé que dejaríamos de ser amigos- dijo
Alice cabizbaja.
-Tranquila,
cada uno hemos ido a la casa que queríamos, tu a Slytherin, y nosotros a
Gryffindor- dijo Fred- ¿verdad George?
George asintió.
-Enhorabuena a
vosotros también, bueno, me tengo que ir, ya hablaremos, ¡adiós!- les dijo
sonriente mientras se alejaba.
Después de comer recogieron la mesa, y luego salieron al
jardín, hubo una alerta roja, ya que vieron gnomos allí, los jóvenes ayudaron a
Molly a des-gnomizar el jardín, necesitaba ayuda, ya que estos seres eran
pequeños, y rápidos.
Cuando terminaron de eliminar a los gnomos del jardín, se
fueron a dar una vuelta por las afueras de la madriguera, Molly quedó a los
niños a cargo de Percy, Fred, George y Alice. Tras eso, Ron, Marta y Harry se
sintieron más pequeños de lo que eran, puesto que estaban en manos de unos
muchachos con tan solo trece años, bueno, Percy tenía catorce años.
A las afueras encontraron una gran charca en la que había un
montón de ranas, Alice, Fred, George y Percy empezaron a practicar hechizos.
Fred empezó a decir “Wingardium
Leviosa” con este hechizo, Fred hizo levitar a una rana, para él fue muy
entretenido, ya que luego estuvo persiguiendo a Ron y a Harry con la rana, amenazando
con tirársela a la cabeza a alguno.
Percy decidió no infringir las reglas de Hogwarts y no hacer
magia allí, Alice hizo lo mismo, pero a Fred y a George les daba igual, se
entretuvieron allí mucho tiempo, viendo como los gemelos hacían, o al menos,
intentaban hacer hechizos que aún no estaban muy a su alcance.
Finalmente regresaron a la madriguera, la cena estuvo aún
más animada que la comida, puesto que en la cena estuvo Arthur Weasley, y
Arthur era algo… impresionante. Pero, la mayor parte del tiempo estuvo
explicándole cosas a Harry y Ron sobre los artefactos muggles que el
coleccionaba.
Cuando terminaron de cenar se fueron todos a dormir, estaban
cansados y querían tener puestas las pilas para ir mañana a hacer las compras
al Callejón Diagón, Harry, Ron y Marta, sobre todo Marta, ya lo estaban
deseando.
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