miércoles, 3 de julio de 2013

Viaje a casa de los Weasley


El trayecto hacia la casa de los Weasley fue un poco largo, Harry, Ron, Marta y Fred se quedaron dormidos, los únicos en quedarse en pie fueron Alice y George, bueno, George tenía que estarlo, ya que era el que conducía.
Alice se giró para ver a los cuatro, y vio a Fred tumbado en los tres asientos, ocupándolos todos, pero junto a ella tenía a la pequeña Marta, que le rodeaba con el brazo el pecho, luego, miró hacia abajo, en los dos reposa pies, estaban Ron y Harry, con las cabezas pegadas, estos dos se hicieron muy amigos antes de dormirse, al igual que Marta y Fred, y que Alice y George.
-Gracias por haber venido, no… soportaba más estar rodeada de tantos muggles, encima de muggles como mis tíos- dijo Alice inclinando la cabeza.
-¿Por qué no nos llamaste antes para que fuésemos?- dijo George sin perder la vista de las nubes.
-Porque a ellos todavía no les había llegado la carta de Hogwarts, y tenía que tener una buena excusa para irme.
-¿Mejor excusa que la de vivir rodeada de muggles Dursley? Creo que esa era mejor que la de Hogwarts- dijo George desviando un minuto la mirada de las nubes para sonreírle a Alice.
Se notaba mucho que el pequeño George estaba un poco enamorado de Alice. Esta, también lo estaba antes de entrar en Hogwarts. El primer año también se fue con ellos unos días antes, y en ese tiempo se acercó lo suficiente a George como para que le gustara mucho, pero luego, cuando entró en la casa Slytherin y conoció a Draco, los sentimientos de Alice cambiaron, y el mundo entero se desmoronó ante el pequeño George.
Se empezaron a escuchar ruidos detrás, George y Alice se dieron la vuelta y vieron como Ron gritaba: ¡Arañas! ¡Arañas! No, dejadme, no quiero bailar con vosotras, ¡no! ¡Arañas! ¡Fred, George!
Alice se quedó boquiabierta ante la reacción de Ron en sueños, miró a George, este, esbozaba una amplia sonrisa en su cara y ladeaba la cabeza de un lado a otro.
-¿De qué te ríes?- dijo Alice extrañada.
-Es que… Ron dice eso porque, de pequeño, Fred y yo… bueno, convertimos su osito de peluche en una araña gigante- dijo George atascándose de vez en cuando, pues hacia pausas para reír.
Alice miró a George ladeando la cabeza, eso sí, Fred y George eran muy perversos respecto a esas cosas, una vez, estuvieron a punto de hacer que Ron hiciera un juramento inquebrantable.
Pero no solo se cebaban con su hermano pequeño, no, un día fueron a Egipto (ya que su padre ganó el premio del periódico El Profeta) a ver a su hermano mayor Bill, bueno, pues Ron tenía un chivatoscopio, es un aparato que empieza a dar vueltas hasta encenderse si hay alguien cerca que es no de fiar, el caso es que Bill empezó a decir que eso era un aparato ridículo que engañaba a todo mago que lo usara, pues estuvo toda la noche dando vueltas, lo que el no sabía, era que Fred y George les habían echado escarabajos en la sopa.
Si, así eran los gemelos Weasley. La familia Weasley es muy compleja, pues contando con los padres, Arthur y Molly Weasley, eran ocho en la familia. Son seis hermanos, el mayor, es Bill, después de este, Charlie, luego va Percy, este, era el prefecto de la casa Gryffindor, donde están Fred y George, después van ellos dos, después, Ron y, finalmente, la pequeña Ginny, que después de ver como todos sus hermanos iban a Hogwarts, arde en deseos de ir ella también.
La pequeña Marta se empezó a despertar, miró hacia delante, George y Alice seguían hablando sobre las travesuras que hacían Fred y George, la pequeña miró a Fred, y… supo al instante que lo quería, solo lo conocía de unas horas, pero era lo suficiente como para enamorarse locamente de él, por lo que, volvió a mirar hacia delante, y, al ver que no se percataban de que estaba despierta, esta se inclinó y le dio un beso en la mejilla al gemelo, y luego, se recostó de nuevo sobre su pecho y cerró los ojos sonriendo.
-¡Ahí esta nuestra casa!- señaló George.
-Por fin llegamos, estoy muy cansada y quiero dormir…- dijo ella entrecerrando los ojos.
-¿Por qué no te has dormido antes?- dijo George maniobrando el volante hábilmente.
-No quería dejarte solo conduciendo, alguien te tenía que hacer compañía, ¿no?- dijo Alice sonriendo.
Aunque Alice estuviese enamorada de Draco, si que sentía algo especial y muy fuerte hacia George que le hacía acelerarse o sonrojarse cuando hablaba con él. Al principio, George estaba decidido a decirle a Alice lo que sentía por ella, pero cuando supo que ella estaba enamorada de Draco, lo dejó.
-Hogar, dulce hogar- dijo George mientras el coche descendía de las nubes.
Alice alzó la mirada y vio una casa con cuatro o cincho chimeneas, y en la puerta, tenía un letrero en el que ponía: La Madriguera.

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