jueves, 4 de julio de 2013

La madriguera


Cuando consiguieron aterrizar el coche, George estaba un poco asustado, Alice ya conocía a Molly y sabía como se iba a poner al averiguar lo que habían hecho con el coche.
George, nervioso, despertó a su hermano Fred, pues aclaró que el no se iba a comer el marrón solo, al despertarse Fred, se despertaron Marta, Harry y Ron, que, aunque habían dormido sus horas, aún seguían teniendo sueño, eran las 5:00 de la mañana, y ellos solo querían descansar.
Como ya suponían, Molly les estaba esperando en la puerta, golpeando su pie rítmicamente contra el suelo y muy malhumorada.
En cuánto salieron del coche, fueron a la parte trasera para coger el equipaje de los tres hermanos.
-Harry, Alice, Marta, quedaos aquí, ahora toca bronca y no quiero que os involucre a vosotros también- susurró Fred a los tres hermanos.
-¿Y… y yo que hago?- dijo Ron preso del pánico, pues le daba mucho miedo la cara que estaba poniendo su madre.
-Tú… quédate ahí para ayudarlos, pero no mucho tiempo, si ves que nos empieza a gritar mucho, nos auxilias- dijo George agarrando por los hombros a su hermano.
-¿Y que podría hacer yo por vosotros en la riña?- dijo Ron con una ceja levantada.
-Pues…-dijo Fred mirando de arriba abajo a su hermano- eres pequeño, y… supongo que a mamá todavía le pareces mono, pones una voz de niño arrepentido al que le acaban de echar una bronca descomunal, y la bronca pues… eso, ya no será tan descomunal.
El pequeño asintió, y sus hermanos le sonrieron, cuando se dieron la vuelta, la dieron con miedo, pero, se acercaron a su madre lentamente y, como no, sonriendo.
-Hola mami- dijo George sonriendo.
Molly no dijo nada, solo dilató aún más los poros de su nariz, estaba muy furiosa, y sin quitar la vista de sus dos hijos, tomó aire para tranquilizarse.
-Mis queridos y adorables hijos, luego… ¡hablaremos!-dijo Molly apretando los labios y pellizcándoles una mejilla a sus hijos.
Los gemelos se miraron, helados ante la reacción de su madre, esta, fue a recibir a los nuevos invitados a la casa Weasley.
-Vamos chicos, venid a ayudar- dijo Molly a sus hijos.
Estos fueron hacia allí, Molly ya tenía los dormitorios preparados para los tres, lo único que hizo fue agrandar tres veces más la casa y colocar fundas en las camas de cada dormitorio y punto, luego ya lo iría decorando. Lo primero y último que hicieron, fue llevar cada una sus maletas correspondientes a cada cuarto, y luego, meterse en la cama para descansar un poco.
Eran las 11:00 de la mañana cuando Marta se despertó, vio que junto a ella había una mesilla en la que no se había fijado horas atrás, en la que, sobre ella, había un reloj que marcaba la hora, esta, restregándose los ojos, cogió el reloj, lo miró, y se desplomó. Finalmente, bajó a desayunar a la cocina, dejando el reloj  nuevamente sobre la mesilla.
Cuando bajó a la cocina, pudo ver como era claramente, una habitación pequeña, no mucho claro, tenían que caber muchas personas ahí, bueno, ahora más de lo normal. Se dirigió a sentarse en el único asiento libre que había, el que estaba junto a Fred y Percy.
Estuvieron todo el desayuno charlando entre ellos, lo principal, de su llegada a la casa de los Weasley, se notaba que Molly estaba encantada, es como si hubiera tenido tres hijos más, ella ya no quería que se fueran de allí, puesto que en el mundo muggle ya nadie los quería, pero en este, en el mágico, la gente los adoraban.
Desayunaron con alegría, tuvieron tiempo de conocerse entre ellos mejor, Alice, hizo muy buenas migas con Percy, Ron, seguía distraído hablando con Harry, se notaba que entre ellos había nacido una gran amistad, y luego, Marta hizo unas migas de rechupete con los gemelos Weasley, con los dos claro, aunque ella le mostraba un especial interés hacia Fred, como no.
Marta y los gemelos estuvieron hablando principalmente de las casas de Hogwarts, los gemelos, intentaron hacer que Marta recapacitara y que se fuera a Gryffindor con ellos, que estarían encantados de cuidarla, pero ella se negaba rotundamente, decía que su casa era y siempre sería, Slytherin.
Después de desayunar, salieron al jardín, este, estaba lleno de maleza y césped sin cortar, con árboles de troncos nudosos juntos a los muros de la casa. En el arriete, tenían muchas plantas mágicas exuberantes, Percy, le estuvo detallando varias características de ellas a Alice, ya que a este, y a la propia Alice les encantaba la herbología. En el jardín también había un estanque de agua verde lleno de ranas. Lo malo del jardín es que había que des-gnomizarlo con frecuencia.
Bueno, también había un cobertizo, este, estaba junto a un corral de gallinas, estaba lleno de artefactos Muggles, que, según Ron, Arthur intentaba desmontar, o simplemente, coleccionar. También se utilizaba a veces para guardar el For Anglia azul en el que habían venido los chicos volando.
Esa era la Madriguera, puede que no fuera muy grande, pero, se notaba que los Weasley no necesitaban mucho para ser felices, sobre todo, teniéndose los unos a los otros, Fred y George siempre estaban compinchados, esto era claro, si pillabas a uno de los dos haciendo alguna trastada, era cuestión de segundos de que apareciera el otro también, reconociendo haber tenido también algo que ver.
Los hermanos Potter se miraron entre ellos, y luego, miraron la Madriguera, sabían que no era como la casa que tenían antes, pero… madre mía, ¡como se lo iban a pasar allí!

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