Los pequeños
que veían por primera vez el Callejón Diagón se quedaron asombrados, no se
esperaban algo así, algo tan maravilloso como era eso.
-Guau- dijo
Marta maravillada.
-¿Os gusta?
¡Bien! Ahora vamos a Gringotts, tenemos que sacar el dinero para comprar los
libros- dijo Molly sonriente.
Cuando
entraron, los pequeños miraron el banco con detenimiento, había duendes por
todas partes, parecía que ni siquiera se percataban de la existencia de los
allí presentes, solo un duende que estaba sentado en una de las mesas de los
demás, pero, esta mesa era más alta y estaba en el centro de la sala.
Después de que
Arthur hablara con el duende, este miró a los hermanos Potter, a Alice ya la
conocía, pero a Harry y a Marta no, aterrorizados por la mirada de aquel duende
gruñón, se pegaron a su hermana.
Fueron a la
cámara de los Weasley, Alice se ladeó, no podía ver lo que había ahí dentro
guardado. Marta y Harry miraron apenados a los Weasley, ya que, en esa gran
cámara de una familia bastante numerosa, solo había un galeón.
Molly lo cogió,
e inclinando la cabeza, se dio la vuelta para salir de la cámara y llevar a los
hermanos Potter a la suya.
Cuando
llegaron, Alice cogió a sus dos hermanos.
-Quedaos aquí-
les susurró.
-¿Por qué?-
dijo Marta.
-Mientras que
los Weasley solo tienen un mísero galeón en su cámara, nosotros somos ricos, no
puedo dejar que vean eso, ¿vale? Cogeré lo que pueda y a comprar.
Los dos
pequeños asintieron, su hermana sacó la llave, y, con decisión, abrió su
cámara, y antes de que los Weasley se percataran de que la había abierto, cogió
un puñado de galeones y se los guardó. A la familia no les dio tiempo ni mirar
siquiera los interiores de la cámara de los Potter.
Cuando salieron
de allí fueron a comprar todas las cosas que necesitarían para Hogwarts, por
cada libro que compraban, iban mirándolos por dentro con detenimiento, los
libros de los Potter eran nuevos, incluso al abrirlo le llegaban esa fragancia
de jovialidad. Pero los libros de los Weasley no eran así, Alice no soportaba
ver como sus mejores amigos compraban libros ya usados, húmedos, que olían
fatal, y que algunas cosas no se podían leer.
Lo malo era
comprarle un caldero al pequeño Ron. No podían, tendría que coger el caldero
oxidado de Charlie y dárselo al pobre Ron, Marta, horrorizada por como eran sus
objetos, cogió un puñado de sus galeones y, con discreción, los metió en el
bolso de Molly. Esta, al abrir el bolso se quedó maravillada al ver tantos galeones,
pero aún así, no se lo gastaron todo, algunos galeones los quedaron en
Gringotts para que la pequeña Ginny pudiera comprarse libros mejores al año que
viene.
Cuando
ya terminaron de comprar todo lo que querían, se quedaron dando vueltas por el
Callejón Diagón, los pequeños Ron, Marta y Harry querían ir ya a comprar su
varita a Ollivander, lo estaban más que deseando, pero, para cincharles, sus
hermanos fueron yendo de tienda en tienda para contemplarlas, en la que se
tiraron más tiempo fue en la tienda de artículos para jugar al Quidditch. Los
Weasley y Alice se quedaron asombrados al ver la nueva Nimbus 2000.
-Guau, quien
pudiera jugar al Quidditch con ella- dijo Fred pegando su cara al cristal de la
tienda.
-¿Quidditch?-
preguntó Marta.
-Alice, dime,
¿les enseñas algo más a tus hermanos que a alabar a la casa Slytherin?- dijo
George mirando a Alice.
-El Quidditch
es un deporte muy divertido, se juega con tres pelotas: la Quaffle y las
Bludgers. La Quaffle es con la que se juega durante todo el partido y hay que
meterla por uno de los tres aros que hay en el equipo contrario. Las Bludgers
son unas pelotas que, si te las lanzan el otro equipo, tienes que esquivarlas,
porque, si te dan, puedes caerte de tu escoba o perder la Quaffle, para quitarte
las Bludgers de encima están los golpeadores, los golpeadores del equipo de
Quidditch de Gryffindor son Fred y George, para proteger los aros están los
guardianes, que impiden que la Quaffle entre, en el equipo de Quidditch de
Slytherin es tu hermana la que se encarga de eso. Luego, hay otra que no se le
puede llamar pelota, es muy diminuta, dorada y con alas, se llama Snitch, vuela
muy deprisa, así que los buscadores tienen que ser muy buenos para atraparlas,
el buscador que atrape la Snitch, gana el partido, ya que esta vale 150 puntos.
Marta se quedó
helada al escuchar esa explicación tan detallada del deporte del Quidditch, la
explicación acabó con su hermana diciendo que el Quidditch para los magos era
como el fútbol para los muggles.
Después de dar muchas
vueltas, ya no tuvieron excusas para retener a sus hermanos pequeños y que no
fueran a Ollivander, así que, los Weasley y los hermanos Potter se dirigieron
hacia esa tienda donde habían estado los mayores años atrás.
Cuando
entraron, un hombre anciano, calvo por la coronilla, aunque por detrás tenía
pelo tan blanco como la nieve, y ojos azules, se quedó mirando a Harry y a
Marta.
-Les estaba
esperando señor y señora Potter- dijo mirando a los pequeños, sonriendo- les
estaba esperando desde hace mucho tiempo.
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