Al día
siguiente, Marta decidió no contar a nadie lo de aquel sueño, ni siquiera a sus
hermanos, pensó que no convenía preocuparlos en un día tan feliz como este,
pues hoy, por fin irían al Callejón Diagón a comprar todas las cosas que van a
necesitar para Hogwarts.
A Ron, Marta y
Harry les hacía mucha ilusión ir, estaban eufóricos por la mañana, pero claro,
la tienda del Callejón Diagón a donde más deseaban ir, era Ollivander, ya que
querían conocer su varita de una vez por todas. Verás, en el mundo de los
magos, el mago no escoge su varita, es al revés, la varita escoge al mago.
-Vaya mamá… los
libros de este año son más caros que los de el año pasado- dijo Percy mirando
la carta de Hogwarts.
-Bueno, ya nos
apañaremos como podamos- dijo Molly leyendo la carta y a la vez, sonriendo a
sus hijos- ya veremos que sacamos de Gringotts.
-¿Gringotts?-
preguntó Marta.
-¿No sabes lo
que es Gringotts, Marta?- dijeron Fred y George al unísono.
-Que va- dijo
Marta ladeando la cabeza.
-Gringotts es
el banco de los magos, lo llevan duendes, muy listos y astutos sí, pero
desconfiados como nadie. Allí hay cámaras donde guardas tu dinero, los duendes
te llevan hacia allí, claro que, para abrir la cámara, tienes que tener la
llave, sino, te echan de allí a patadas. Aunque, también hay otras que se abren
al contacto.
-Oh- dijo Marta
mirando al frente- No tenía ni idea.
-Se me habría
olvidado mencionártelo, perdona Marta- dijo Alice mientras le daba un mordisco
a una galleta.
-¿Tenéis las
cosas preparadas para ir a Hogwarts?- dijo Arthur, sentándose en la mesa.
-Sí- dijeron los
Weasley al unísono.
Pero los
hermanos Potter se miraron entre ellos, Marta no, pues ella ya lo tenía todo
preparado desde hace dos días, en cambio, sus hermanos eran unos cabezas huecas
y se olvidaban de todo.
-Hoy nos dará
tiempo- dijo Harry- tenemos que ir mañana.
-Espero que os
de tiempo- dijo Arthur mientras bebía un sorbo de su café.
Alice y Harry
se miraron, preocupados por si no les daba tiempo a recogerlo todo, porque imaginaban
que, después de comprar todo lo que necesitaban, se quedarían dando vueltas por
allí un rato, así que, se comieron todo el desayuno rápido, y subieron a su
habitación para preparar las cosas.
Mientras ellos
dos preparaban sus cosas, la pequeña Marta se quedó abajo desayunando junto con
sus dos mejores amigos, empezaron a cuchichear cosas mientras comían,
seguramente estaban preparando una nueva travesura, George, miraba de vez en
cuando a Ron, esbozando una amplia sonrisa de picardía. El pobre Ron estaba
atacado de los nervios, porque, al ver como lo miraban, y a la vez cuchicheaban,
pensó que querían hacerle algo malvado. Aunque el no lo sabía, ¡esa! era su
travesura, en realidad, no estaban cuchicheando nada, solo torturaban al
pequeño Ron con miradas y sonrisitas de maldad.
Pasó
aproximadamente una hora cuando, todos los Weasley y los hermanos Potter
estaban frente a una especie de chimenea muy alta. Marta y Harry la miraron con
detenimiento.
-¿Por aquí se
va al Callejón Diagón?- dijo Harry mirando a Ron.
-Si, lo que
pasa es que tu no habrás viajado nunca con polvos flú, ¿verdad?- dijo Ron
enarcando una ceja.
-¿Polvos flú?
-Creo que eso
responde a tu pregunta Ron- dijo Fred sonriendo.
-¿Nunca lo has
hecho Harry? Bueno pues, de demostración… ¡Alice!, tu ya lo has hecho más
veces, adelante, hazlo para tus hermanos- dijo Molly mirando a Alice.
Alice asintió,
cogió un puñado de polvos que le ofrecía Molly y se colocó debajo de la
chimenea, tiró los polvos a sus pies mientras decía: ¡Callejón Diagón! Y de
repente, Alice desapareció entre humo verde.
-¿Veis?- dijo
Molly- venga Marta, ahora tú.
La joven,
aterrorizada, cogió temblorosamente un puñado de aquellos polvos, se puso
lentamente bajo la chimenea y, antes de que tirara los polvos, Arthur la
interrumpió.
-Tienes que
decir muy claramente Callejón Diagón, porque si no, podrías ir a dios sabe
donde, tu hermana se perdió el primer año, pues dijo: ¡Callejón Digón! Suerte
que Hagrid la encontró.
-¿Hagrid?
¿Qué…?- dijo Marta ladeando la cabeza.
-Nada, tú
sigue.
La pequeña,
aterrorizada, tiro los polvos al suelo y gritó: ¡Callejón Diagón! De repente,
desapareció entre más humo verde.
-Venga, ahora
tú- le dijo Percy a Harry, dándole un empujoncito para que se adentrara en la
chimenea.
Después de
hacerlo, tardó más en tirar los polvos que su hermana, pues estaba
aterrorizado, pero finalmente lo dijo y este también desapareció.
Los hermanos
Potter esperaron a la familia Weasley, además, Harry no quería ver aquello sin
compañía de Ron, para él, era muy importante verlo con él.
Cuando ya
pasaron todos, los pequeños Harry, Ron y Marta se ladearon para ver el Callejón
Diagón, y, bueno, lo que sintieron no se puede explicar con palabras, estaba
todo lleno de gente como ellos, y todo lleno de tiendas para ellos.
Emocionados, dieron su primer paso, pero ese paso, fue un gran paso, el paso de
su entrada al mundo mágico.
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